Cómputo forense y delitos informáticos

Todo dispositivo equipado con memoria es analizable. Todo e-mail es rastreable… Por María del Socorro Arvizu marvizu (en) elimparcial (punto) com Tuvieron que apagarse las cámaras, y se pidió a los periodistas respetar la identidad del conferencista que en unos pocos minutos iniciaría una charla titulada “Delitos cibernéticos y contra menores”. Se trataba de un representante de la Policía Cibernética, una de las divisiones de la Policía Federal -que antes pertenecía a la PFP-. Por telenovelesco que parezca, el staff de esta unidad de investigación emplea su tiempo en monitorear Internet con el fin de rastrear todo tipo de delitos cibernéticos, y para ello cuentan con subáreas con gente especializada. Los delitos perseguidos son muchos más de los que quisiéramos reconocer que existen: Explotación, turismo sexual, menores desaparecidos, redes de pederastas… “Un 40% de los delitos cibernéticos se están cometiendo a través de cafés Internet”, explica. Lo que sucede es que estos establecimientos no tienen ningún tipo de regulación, e Internet es un medio en el que se consigue estar casi en el anonimato: Una conexión casera es rastreable, pero para cuando llegas al café Internet la persona ya se fue y nadie sabe nada. “Es terrible lo que se puede encontrar en la red”, dice el representante de la institución. Los menores de edad se sienten seguros detrás de su monitor, sin embargo, los depredadores conocen perfectamente las técnicas que mejor funcionan para embaucarlos, e incluso están actualizados en los temas de moda entre los adolescentes (videojuegos, juguetes electrónicos, cantantes). El aparentemente inofensivo chat es uno de los medios que más se están utilizando para explotar menores, puesto que personas sin escrúpulos aprovechan la curiosidad de éstos, e intentan ganarse su confianza por todos los medios. “Se reporta que a los escasos 10 minutos de hacer contacto a través de Internet, un pedófilo es capaz de obtener imágenes de un menor”, dice sin más, mientras el auditorio permanece azorado. “A los quince días de haberse conocido a través del chat, es capaz de tener contacto físico”, continúa. Los detalles son escalofriantes. Lagunas legales. Andrés Velázquez, director de investigaciones digitales y fundador de Mattica -el primer laboratorio de cómputo forense en América Latina- deja muy claro que el único sistema totalmente seguro es aquél que está apagado, desconectado, guardado en una caja fuerte de titanio… Ya se sabe el chiste, que a final de cuentas no es tan gracioso. “En China vulnerar un servidor es pena de muerte. En Finlandia al que meten a la cárcel es al administrador de sistemas por negligencia, y en México si matan a alguien con un ratón, es un delito informático”, dice con...

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